En plena marcha de sangre, cuando las instituciones inglesas parecían derrumbarse en medio de la
confusión revolucionaria, Cromwell fue preguntado por un grupo de amigos: «Y adónde se va?» A esto el dictador contestó, según la afirmación de Voltaire, lo siguiente: «Se va verdaderamente lejos cuando no se sabe dónde se va.»
Winston Churchill, cuyos impulsos temperamentales le han empujado siempre a lanzarse por caminos atrevidos, podría adoptar aquella contestación del famoso Lord Protector, como lema para la empresa que está capitaneando, en el momento quizás menos propicio para realizaciones positivas en la política europea: la empresa de la «unión» o «federalización» de Europa.
En la infinita serie de hechos arbitrarios de nuestra época hay que inscribir también la particularidad de que en ella los problemas de mayor interés y de más dramáticas consecuencias y proporciones se plantean con una frivolidad intelectual y con una mezquindad de instrumentos verdaderamente asombrosas. Jamás la quiebra de las instituciones político-jurídicas continentales había alcanzado dimensiones tan espectaculares. El Continente ha conocido –¿quién lo podría negar impunemente?– períodos de orden y de estabilidad política, de aceptación de un criterio profundo de convivencia entre los pueblos. Ahora bien, en aquellos períodos, a las minorías intelectuales y políticas europeas, no se les había ocurrido que la unión dentro de la esfera de la convivencia internacional sería un hecho realizable a través de una adhesión plena e íntima a un sistema único de gobierno continental. Además, toda vez que se ha planteado, no importa en qué forma, el problema de la unión europea en un solo cuerpo político se ha intentado recurrir, para su realización, a instrumentos esenciales, con finalidades esenciales. Toda época de crisis se caracteriza primeramente, por la dislocación de las minorías históricamente responsables. Cuando a estas minorías se les arrebata o cuando ellas pierden simplemente la capacidad de decisión sobre hechos sustanciales, se atraviesa lo que comúnmente se denomina una «crisis».>>>>>
es una figura simbólica y asimismo única. Nadie que el ha representado mejor en su epoca nuestras virtudes espirituales. Y nadie en aquel tiempo y mucho tiempo después alcanzó su nivel espiritual. Ygual de significativo nos parece el hecho de que – y lo subrayamos – si hasta entonces, nuestra cultura contaba con unos nombres – honrados – de cronistas y otros sabios, hombres amantes del estudio y del pueblo, como Ureche, Costin, Nicolae Milescu, Varlaam o Dosoftei, vemos que gracias a Dimitrie Cantemir, nuestra pequeña cultura alcanza el nivel de la gran cultura europea de aquellos tiempos. La personalidad de Cantemir se destaca por complejidad y profundidad. Erudito de formación enciclopédica, de estudios superiores en las escuelas de gran tradición de Elada, el funda los dominios que representan la base de cualquier cultura importante: filosofia y moral, etnografia y folklore, investigación histórica y geografica, teologia e incluso historia de las religiones, y por encima de todo, de literatura. Su primera obra, Divanul sau Gâlceava înţeleptului cu lumea (Iaşi, 1698) muestra una asombradora madurez intelectual para un joven de sólo 25 años. De su contenido nos eneteramos de un verdadero código de vida del hombre sabio, lo que
La vida te enseña en cada momento y tú evitas la respuesta
lejos parece una icreíble rama de flores, que Diós ha colocado con cuidado sobre la montaña rocosa… Las calles estrechas, limpias, todas con flores, suben, bajan, se ramifican, sorprendiendote por el hecho de que, aunque siendo todas iguales, cada una se abre de una manera diferente, ofreciendote otra perspectiva, llamandote en un rincón con un suave rayo de luz, con una puerta de madera rodeada de flores y hundida en el siléncio, para que luego a un paso, te ofrezca el panorama del Cañon Túria, con paredes abruptos, rocosos, de una altura espeluznante, representando formas y rostros extraños, cavadas con el tiempo por la imaginación de la lluvia y del viento, para terminar bruscamnete en el valle de naranjos, almendros y olivos, rodeados por el verde y brillante rio Túria. Chulilla es un pueblo de ensueño con gente de ensueño, ligeramente pasados de la segunda juventud, casi abuelos, con dolores de espalda, un poco inseguros al andar, pero felices y contentos, con el corazon joven, con ganas de vivir y con un sentido del humor que raramente encuentras.
Tu pelo vestido de plata de la luna
Niña, pon tus manos en mis rodillas,